
@ rakoo
2025-03-25 23:49:34
En los años 20, Estados Unidos vivía una juerga económica conocida como los "Roaring Twenties". La Gran Guerra había terminado, la industria estaba en auge, los autos llenaban las calles y el jazz resonaba en cada esquina. Todo parecía ir viento en popa: las acciones subían como espuma, la gente compraba a crédito como si no hubiera mañana y los bancos estaban felices de prestar dinero. Pero, según los economistas austriacos —piensa en Ludwig von Mises o Friedrich Hayek—, esta prosperidad era una fachada, una burbuja inflada artificialmente que tarde o temprano iba a estallar.
La Escuela Austriaca sostiene que el verdadero villano de esta historia no fue la codicia de los especuladores ni el exceso de optimismo, sino algo más sutil y estructural: la manipulación del dinero y el crédito por parte de la Reserva Federal. Vamos a desglosarlo paso a paso, como si estuviéramos destapando una intriga.
**Acto 1: La Reserva Federal enciende la mecha**
Tras su creación en 1913, la Reserva Federal (el banco central de EE.UU.) tenía el poder de controlar la oferta de dinero y las tasas de interés. En la década de 1920, decidió que era buena idea mantener las tasas de interés artificialmente bajas. ¿Por qué? Para estimular la economía, ayudar a Gran Bretaña a volver al patrón oro y mantener la fiesta en marcha. Pero para los austriacos, esto fue como echar gasolina a una fogata.
Cuando las tasas de interés se mantienen bajas por decreto, el dinero se vuelve "barato". Los bancos prestan más de lo que lo harían en un mercado libre, y ese crédito fácil fluye hacia empresas, inversores y consumidores. Es como si le dieras a todo el mundo una tarjeta de crédito sin límite: la gente empieza a gastar, invertir y construir como si la riqueza fuera infinita. Pero aquí viene el giro: ese dinero no reflejaba ahorros reales ni riqueza genuina. Era una ilusión creada por la expansión del crédito.
**Acto 2: El auge insostenible**
Con este dinero barato, los empresarios se lanzaron a proyectos ambiciosos: fábricas, rascacielos, nuevas tecnologías. Los inversores, por su parte, corrieron a Wall Street, comprando acciones a crédito (lo que se llamaba "comprar al margen"). El mercado de valores se disparó: el índice Dow Jones pasó de 63 puntos en 1921 a 381 en 1929. ¡Una locura! La gente común, desde taxistas hasta amas de casa, se metió al juego, convencida de que las acciones solo podían subir.
Para la Escuela Austriaca, este "boom" era una distorsión. Según su teoría del ciclo económico, desarrollada por Mises y Hayek, cuando el crédito se expande artificialmente, los recursos se mal asignan. Imagina que eres un chef con un presupuesto limitado: si alguien te da dinero falso para comprar ingredientes, harás platos extravagantes que no puedes sostener cuando el dinero real se acabe. Eso estaba pasando en la economía: se construían cosas que no tenían demanda real ni base sólida.
**Acto 3: La burbuja empieza a pincharse**
Hacia 1928, algunos empezaron a oler problemas. La producción industrial comenzó a tambalearse, los inventarios se acumulaban y las deudas crecían. La Reserva Federal, dándose cuenta de que la fiesta se estaba descontrolando, intentó subir las tasas de interés para enfriar las cosas. Pero era demasiado tarde: la economía ya estaba dopada con crédito fácil, y el daño estaba hecho.
El 24 de octubre de 1929 —el famoso "Jueves Negro"— el pánico estalló en Wall Street. Los inversores, viendo que las acciones estaban sobrevaloradas y que sus deudas eran impagables, empezaron a vender en masa. El martes siguiente, 29 de octubre, el mercado colapsó por completo: millones de acciones cambiaron de manos, los precios se desplomaron y la riqueza en papel se evaporó. Pero para los austriacos, esto no fue la causa del problema, sino el síntoma. El verdadero desastre ya había ocurrido en los años previos, con la expansión artificial del crédito.
**Epílogo: La lección austriaca**
Desde la perspectiva de la Escuela Austriaca, el Crack del 29 no fue un fallo del libre mercado, sino del intervencionismo. La Reserva Federal, al manipular las tasas de interés y la oferta de dinero, creó una burbuja que era insostenible. Cuando estalló, la economía tuvo que pasar por una dolorosa "corrección": las empresas quebraron, los bancos cerraron y el desempleo se disparó. Para Mises y Hayek, esto era inevitable: el mercado necesitaba purgar los excesos y realinear los recursos con la realidad.
¿Y qué pasó después? Bueno, la Gran Depresión que siguió fue agravada, según los austriacos, por más intervenciones: el New Deal de Roosevelt y las políticas proteccionistas como la Ley Smoot-Hawley solo prolongaron la agonía. Pero esa es otra historia para otro café.